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Buen viaje a la peluquería de mis recuerdos

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22.07.2026

Uno descubre de repente que la peluquería de su infancia es ahora un edificio de siete pisos y se queda anclado en el esquina, como Fernando Soler cuando miraba cómo el buque Ypiranga se llevaba el México de sus recuerdos.

Ya no existen la peluquería El Bosque ni esos sábados en la mañana en los que uno era sometido a esa agresión a la autoestima a la que se conocía como “casquete corto”: rasurado casi total a los lados y en la nuca, y en la punta del cráneo un copete militar que las madres aplacaban luego con jugo de limón.

Me han de perdonar, pero para mí… ¡El Bosque! En la mesilla que estaba al centro del establecimiento, más maravillosa que Las Mil y una Noches, el maestro peluquero acumulaba hileras de revistas e historietas con las que los clientes podían tener erecciones, volverse especialistas en los misterios extraterrestres (el maestro era un desenfrenado amante de la revista Duda, cuyo lema era “Lo increíble es la verdad”), conocer las Tradiciones y Leyendas de México, o caer, como diría Monsiváis, en la voluptuosidad de lo horripilante: en las páginas a dos colores, negro y amarillo, del semanario Alarma!

Tantos años después, todavía se me eriza la piel ante el desfile de asesinos, hienas,........

© El Universal