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Cartagena y la trata esclavista

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28.03.2026

La Organización de las Naciones Unidas /ONU/ ha calificado la trata trasatlántica de esclavos africanos como el crimen más grave que se ha cometido contra la humanidad. La decisión no se tomó por unanimidad. Lo que no debe extrañar. La lista de oposición estuvo encabezada, cómo no, por los Estados Unidos de norte América, seguido por su socio de aventuras guerreristas, Israel, y para vergüenza de América Latina, Argentina. Los países de la Unión Europea y el Reino Unido se abstuvieron.

La histórica determinación, esperada por largo tiempo por los defensores de derechos humanos, hace justicia a millones de víctimas que sufrieron las atrocidades de la trata, relamida en su tiempo por los colonialistas europeos que encontraron en el comercio de seres humanos la manera más expedita para enriquecerse. Los pueblos de la vieja África, que tenían reinos y ciudades estados, sufrieron el brutal sometimiento en su propio territorio, como también en la travesía hacia el Nuevo Mundo, en donde fueron sometidos a los más viles atropellos. En esos viajes infernales murieron decenas de miles de esclavizados, cuya tumba fue el océano.

La trata de esclavizados africanos se inició en el siglo XVI y tuvo su máxima expresión en los siglos XVII y XVIII. Se estima que por lo menos 15 millones de hombres, mujeres y niños sufrieron este flagelo, extendido como plaga por mercaderes que se elevaron a las máximas dignidades de la sociedad de aquellos tiempos, respaldados por sus inmensas riquezas y las relaciones establecidas con los poderes imperiales.

Cartagena fue epicentro legal de ese comercio infame. Miles de africanos fueron traídos hasta su seno para ser comercializados en mercados vociferantes. Eran comprados como mercancía, y enviados a otros destinos, entre ellos Perú. También se adquirían para trabajos en casas de familias pudientes, y haciendas. El sistema de defensa de la ciudad, que tanta admiración despierta, con murallas, fuertes, castillos, fue posible materializarla por la mano de obra esclavizada. La mayoría de la población cartagenera tiene sangre africana. El peso esclavista fue tan fuerte en Cartagena que un religioso católico dedicado por décadas a proteger a aquellos desamparados se convirtió en san Pedro Claver.

Ahora que la ONU ha calificado la trata de esclavizados africanos como el más grave crimen contra la humanidad, se espera que haya reparaciones y se concrete la sanación. Es hora, también, de que el gobierno de la ciudad rinda homenaje a las víctimas. Un gran centro de memoria con monumento, cátedra universitaria, socialización estudiantil y comunitaria permanente, entre otras cosas, debe hacerse realidad.


© El Universal