Sin corrupción no hay paraíso
Hay algo más peligroso que la pobreza y la desigualdad: perder la vergüenza frente al poder. Colombia cruzó esa línea. En el Gobierno, la corrupción es método y sistema. No escandaliza, se aplaude.
El Índice de Percepción de la Corrupción 2025 no es solo una cifra: es un espejo incómodo. Treinta y siete sobre cien, la peor marca de nuestra historia. Pero lo verdaderamente grave no es el número, sino la resignación que lo rodea. Hannah Arendt lo advirtió: el mayor peligro no es el mal, sino su banalización. En Colombia, la corrupción dejó de indignar porque se volvió paisaje.
Las denuncias de Angie Rodríguez no son una anécdota, son una confesión. Si desde dentro del Gobierno se asume que la derrota política es inevitable y que, por tanto, hay que “exprimir” el Estado, lo que tenemos no es crisis: es saqueo organizado. Es la lógica del botín, la versión tropical de Hobbes: todos contra todos, pero financiados con recursos públicos. A esto se suman denuncias de extorsión, seguimientos, amenazas. El poder degradado no se sostiene........
