Sobre el Hércules, culpas y chatarras
¿Si era chatarra, por qué el Gobierno Nacional lo dejaba volar? ¿Por qué los funcionarios responsables, que son todos subalternos del presidente Petro, autorizaron la operación del Hércules? ¿Por qué el Gobierno Nacional habría condenado a muerte a casi 130 personas permitiéndoles que se montaran en chatarra?
¿Por qué no lo dejaron en tierra? ¿Por qué no lo repararon? ¿Por qué no lo chatarrizaron? ¿Por qué otros Hércules como el accidentado vuelan sin caerse en otros países?
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La falta de empatía del Gobierno Nacional con quienes sufren es escalofriante.
Las cifras estremecen: 69 muertos, 57 heridos.
Pero primero estaba repartir culpas, sacudirse de responsabilidades y satanizar al gobierno anterior que la consideración de las víctimas y sus familias. Primero y antes que todo, culpar a Duque. Esa es la consigna. Esa es la receta.
Aunque este gobierno ya está por terminarse, después de casi 4 años en ejercicio, la fórmula es totalmente predecible.
Si llueve mucho, es culpa de Duque, y si hay sequía, también. Si los funcionarios de este gobierno roban en la UNGRD, es culpa de Duque, y si roban en otra entidad, también.
Si les quedó grande la crisis de los medicamentos, es culpa de Duque, y si se les desbarató el sistema de salud, también. Es culpa de Duque la crisis del Icetex, y culpa de Duque, que ellos mismos hubieran acabado con Mi Casa Ya.
Y como Duque y Paloma son del mismo partido, también es culpa de Paloma. Todo lo anterior es culpa de Paloma. Y más. Desde los pecados de este gobierno hasta el pecado original.
Así, por esta extraña ley de la transitividad, que hayan robado en la UNGRD es culpa de Paloma, y culpa de Paloma es también la crisis de los medicamentos, la de Mi Casa Ya, la del Icetex y la de las EPS. Que no se consigan citas médicas oportunamente es culpa de Paloma. Obvio.
En últimas, claro está, el Hércules chatarra lo regalaron por culpa de Paloma, lo recibieron por culpa de Paloma y se cayó por culpa de Paloma. Y de Duque. Y de Uribe.
Y de Oviedo, culpable también de la crisis de seguridad, de la crisis de la deuda, del endeudamiento extremo, de las tasas altas, del déficit fiscal, de perder contra Croacia y del 3 a 1 que nos metió Francia este domingo.
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Ha sido tan eficaz ese sistema de endilgarle las culpas propias del Gobierno a la oposición que Iván Cepeda sigue punteando cómodamente en las encuestas.
No quiere decir que sea invulnerable. Ni que sea imposible de derrotar. Pero cada vez se pone más complicado.
Es tan hábil la narrativa de Petro que hoy hay millones de colombianos indignados con Duque por recibir el Hércules, por el fracaso de la política de vivienda de este gobierno y por la crisis de los medicamentos que esta administración no ha sido capaz de sortear.
El discurso de Petro toca las fibras emotivas del pueblo colombiano. Las réplicas de la oposición, por el contrario, suelen extraviarse en el lenguaje tecnocrático o agotarse en el ataque personal a Petro, y ni lo uno ni lo otro consigue votos.
En últimas, claro está, el Hércules chatarra lo regalaron por culpa de Paloma, lo recibieron por culpa de Paloma y se cayó por culpa de Paloma. Y de Duque. Y de Uribe.
Al presidente Petro le ha resultado más rentable políticamente poner trinos, repartir culpas y descargar en otros sus propias responsabilidades que gobernar. Y sus rivales una y otra vez muerden los anzuelos.
Ya estamos muy cerca de las elecciones. El tiempo se agota. El presidente Petro, a punta de decretos, decretazos y decreticos de última hora y de dudosa ortografía constitucional, le va tapizando el camino a Iván Cepeda, quien va en coche cabalgando sobre la retórica oficial.
Mientras no se escuche una voz unificada que enfrente a Iván Cepeda, este se seguirá acercando al sillón presidencial. Algunos dicen que para eso es la segunda vuelta. Otros creemos que puede ser demasiado tarde si desde ya no se van acordando los caminos del entendimiento entre sus opositores.
Para la muestra, un doloroso botón... se le cayó el Hércules a este gobierno, causando semejante estremecedora y dramática tragedia, pero el saldo en rojo le quedó a la oposición dividida.
JUAN LOZANO
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