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Doctora Corazón, ¡atiéndame!

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17.03.2026

Desde que me nacieron y crecieron los primeros pelos del pubis pensé que iba a ser un abanderado del amor loco, que supuse no tendría nada que ver con el corazón, como se convenía en la época, porque eso era cosa de los antepasados románticos. Había que ser descorazonado porque, entre otras cosas, no se debía tener esa víscera conmiserativa para enfrentar los inmisericordes estropicios del mundo, entre ellos la crueldad criminal en el paisito que nos tocara. Y también porque una cosa es el amor que se hace de catre en catre y de carne en carne, y otra, el enamoramiento que se percibe hasta con una sola mirada y de allí no pasa. Al que se denominaba platónico. Como no había oído de las otras categorías, pero sí hablar bellezas del amor propio, no tardé en consagrarme a él con desenvoltura.

(Le puede interesar: Desnudando el bolero).

Más tardecito me incrusté en la poesía, tanto para protestar contra la violencia que nos mataba, sobre todo en los campos, como para ver de coronar algunos de esos tentáculos que por las calles de Cali pasaban caminando como si danzaran. Como me cansé de leer a Marx y a Kropotkin........

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