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Sobre dos terremotos que me ha tocado vivir

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31.08.2026

El 10 de agosto quedará grabado para siempre en nuestra memoria. Ese día, a las 7:34 a. m., cuando la gente se dirigía a su trabajo, el país fue sacudido por un terremoto de una magnitud de 7,4, a una profundidad de 103 kilómetros, con epicentro en San José del Palmar, en el Chocó. Un movimiento telúrico de esa naturaleza, que nos pone a todos a pedirle a Dios que nos proteja, no todos los días lo vivimos. Yo vivía en Armenia cuando el 25 de enero de 1999, a la 1:19 de la tarde, un terremoto de una magnitud de 6,2 destruyó gran parte de la ciudad. El cimbronazo que a esa hora pegó la tierra se sintió en todo el Eje Cafetero. Veintiocho municipios, entre ellos varios del norte del Valle, sufrieron daños graves. Esta vez fueron cerca de 500.

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El terremoto de Armenia fue para mí, y para mi familia, desastroso. No lo fue, gracias a Dios, el del 10 de agosto. El primero nos obligó a trasladarnos a Manizales. Como las comunicaciones colapsaron, era imposible comunicarnos con las familias tanto de mi esposa como la mía. Uno pensaba que la ciudad se había acabado y que su reconstrucción demoraría años. El........

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