Las variables poéticas de Teresa González García
El último libro de poemas publicado por Teresa González García, La voz del olvido y el eco del silencio, abre puertas para analizar las variables de su trabajo poético, el lenguaje metafórico con que habla de sus preocupaciones existenciales y la tersura que hay en su palabra de fina estética. También invita a descubrir en su mirada de mujer angustiada el porqué de las guerras que parecen no tener fin y, desde luego, a exaltar su constancia en la denuncia de las desigualdades sociales. Además, da a entender eso que Octavio Paz denominó “el porqué, el cómo y el para qué se escribe un poema”. Desde su primer libro, Viajera de la vida, del amor y de la muerte (2009), en Teresa González se descubrió una voz original, que con la misma fuerza con que aborda la muerte lo hace sobre lo que significan la soledad y el silencio.
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Hablemos de las variables temáticas que se encuentran en La voz del olvido y el eco del silencio. En primer lugar, es un poemario diferente en su concepción estilística. En ninguno de sus libros anteriores, Teresa González García había experimentado tanto con eso que Adalberto Agudelo Duque llama “sus obsesiones”. Miremos por qué. El libro está estructurado en cuatro partes: Instantáneas poéticas, Micropoemas, Presencia poética de la muerte y Aforismos. En Instantáneas poéticas está la esencia de su inspiración. En poemas de página entera y otras veces de diez o doce versos, expresa su pensamiento sobre la vida, sobre las armas o sobre el mundo. Si en su tercer libro, Arden las venas de mujer (2021), su voz fue un quejido por la muerte del ser amado, en este libro canta a la alegría de vivir.
La parte del libro que Teresa González García denomina Micropoemas es una verdadera revelación para el lector. Son poemas cortos, de tres, cuatro o cinco versos, donde aflora a veces una poesía intimista, adornada con figuras literarias de alto coturno, iluminada por un resplandor de belleza. En estos versos, al mismo tiempo que exalta con palabra sentida el recuerdo de la mamá, argumenta que la noche es bella porque tiene ojos, y que, en cambio, la tarde tiene párpados blancos. Estos poemas son un breve juego con las palabras, que le permite a la autora expresar su emoción interior cuando ve caminar “a los niños como una ola detrás del tiempo”, o cuando se duele de su soledad al decir: “mis huesos están desnudos sin el abrazo de tu piel”.
En esta poeta nacida en Neira está latente su preocupación por esa violencia que acaba con cientos de vidas.
Presencia poética de la muerte es el tercer segmento del libro. Aquí, Teresa González García utiliza un lenguaje sencillo, sin símiles ni metáforas, para expresar en versos cortos su dolor interior por ese duro golpe que le dio Dios al arrebatarle a su compañero. Se duele de su soledad y habla del recuerdo que él dejó en su existencia, de cómo le dolió en el alma su partida, de cuánto extraña su sonrisa, del vacío de la casa sin su presencia. Uno podría decir que, en estos versos profundos y serenos, siempre tristes, ausentes de música, se expresa el corazón de quien pierde una parte fundamental de su existencia. Por esta razón, dice con dolor que “el invierno quemó sus huesos” y la melancolía “se matriculó en su alma”. La poeta no pudo haber encontrado mejor lenguaje para expresar su tristeza.
“Un poeta sabe despertar en nosotros fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos”, escribió Novalis. Tomo esta frase del escritor alemán para decir que, en el caso de Teresa González García, autora de La voz del olvido y el eco del silencio, su poesía nos transmite un mensaje de esperanza y fe en la vida. A través de estas variables en su trabajo poético, nos convence de que la poesía se vale de la palabra para entrar en el corazón del lector y mostrarle que hay un mundo donde es posible la felicidad. Con un lenguaje pleno de belleza, nos dice que el hacha, la sierra y el machete son generadores de muerte. Aquí expresa lo que dije al principio: que en esta poeta nacida en Neira está latente su preocupación por esa violencia que acaba con cientos de vidas.
El poeta Juan Carlos Acevedo escribió que Teresa González García es una poeta “a la que nada se le escapa. La guerra y el viento, las aves y la soledad, la desigualdad y Dios, la mujer y la muerte alimentan sus palabras”. Este libro es prueba de que tiene sensibilidad artística para escribir un poema como El dolor del bosque, donde dice con fuerza expresiva: “Si mueren los bosques, muere el canto del sinsonte, el aleteo de las aves, el olor del eucalipto y el sabor de la canela”. Pero también para condenar los conflictos internacionales, mostrando lo inútil de los enfrentamientos armados, como lo hace en el poema Titanes de la guerra, donde dice: “Las balas derriten los días, tiembla el silencio, se mueve la yerba”. Aquí denuncia una realidad que está ahí, a la vuelta de la esquina, amenazante.
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