Que no nos quiten las ganas
Faltan muy pocos días para votar y Colombia vuelve a sentirse suspendida en una especie de vértigo colectivo. Hay cansancio. Hay rabia. Hay miedo. Hay ciudadanos genuinamente preocupados por el rumbo del país y otros convencidos de que esta elección puede definir mucho más que un gobierno. Y quizás por eso hoy valga la pena defender una idea sencilla: que no nos quiten las ganas.
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Que no nos quiten las ganas de participar. Las ganas de elegir. Las ganas de creer que todavía es posible construir un país distinto sin destruirnos entre nosotros. Porque votar sigue siendo un acto profundamente esperanzador, incluso en medio de la decepción. Incluso cuando pareciera que la política se empeña en expulsar a la gente buena y en convencer al ciudadano común de que nada vale la pena.
Que no nos quiten la nobleza. El país no puede acostumbrarse a castigar los gestos decentes y premiar únicamente el espectáculo de la confrontación. Que un café no sea aprovechado para........
