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¿Qué haría si se despierta en 1990?

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17.03.2026

La pregunta fue planteada en X (Twitter). Quise responder y, antes de hacerlo, ojeé el perfil de quien había publicado el mensaje. Hoy, la desconfianza es casi una cualidad. Supuse que una pregunta de estas, tan típica para generar alguna reacción, provenía de una cuenta falsa. Sin embargo, el perfil estaba verificado y correspondía al de una mujer llamada Marcela Quintero; una cuenta con 8.000 seguidores, 520.000 impresiones a su ‘tuit’; en fin, validaciones que ahora hacemos para intentar saber si en redes sociales las personas existen o son bots

(Le puede interesar: Embarradas digitales 2026).

¿Estaríamos más tranquilos amaneciendo en 1990? El mundo actual está al borde de la Tercera Guerra Mundial, aunque en Colombia no sufrimos los carros bomba de la época de Pablo Escobar. Con grandes matices de diferencias, lo que sí ha aumentado para todos en estos años es la incredulidad. Ya no creemos en nada ni en nadie.

Eso es grave. No creer en nadie es casi como no creer en uno mismo. Ese es un gran problema de la época que estamos viviendo. Nuestra generación –esa que aún lee columnas de opinión en un medio de comunicación tradicional– ha vivido y sufrido avances tecnológicos gigantescos en las últimas décadas. Las que nos siguen, sin embargo, dejaron de asombrarse: tienen en el bolsillo más poder del que se imaginan. Piden comida, taxis o diagnósticos médicos con la voz. Tienen a la inteligencia artificial como esclava de sus caprichos; escriben con ella, traducen, diseñan, programan y crean ‘arte’ en segundos. Llevan un GPS satelital en el bolsillo, traducen en tiempo real cualquier idioma, reemplazan cámaras, bibliotecas, enciclopedias, grabadoras, calculadoras, linternas y más con una sola pantalla. Y lo peor: sí confían en algoritmos, sabiendo incluso que estos los manipulan, y reconocen que entregan su información personal y datos para que sean mercantilizados...

No podría perder el tiempo en Internet, así que, ¿cómo se distraería? ¿Leería más libros en papel? ¿Qué destreza o habilidad manual podría destacarlo en ese mundo que ya no existe?

En 1990 todo era más básico. A esta hora hay demasiado ruido, desinformación y un desarrollo que va mucho más rápido que la comprensión social. ¿A usted no le parece bastante surrealista, por ejemplo, que las personas se estén enamorando de mujeres creadas con IA? ¿O que se hagan películas sin actores de carne y hueso de forma prácticamente imperceptible para los espectadores? ¿Que solo escribiendo podamos crear las imágenes, audios o videos que queramos? ¿Incluso que todos podamos tener un asistente virtual que nos responda a todo lo que queramos, léase ChatGPT o Gemini? La pregunta en cuestión amerita así unos segundos de atención para asimilar que vamos a un ritmo desenfrenado y que nos estamos olvidando de unas competencias humanas que tienen su valía. Memorizar teléfonos y datos básicos, socializar personalmente con los demás o leer textos largos, por decir lo menos, se está quedando como nostalgia del pasado. Tanto como permitirnos el aburrimiento o esperar sin ver una pantalla.

Le traslado entonces a usted la pregunta: ¿qué haría si se despierta y es 1990? ¿A qué se dedicaría? Hace 36 años, los celulares estaban lejos de masificarse, Internet apenas despegaba y ciertamente no convivíamos bajo ese entorno digital tan bondadoso y peligroso. ¿Cómo se contactaría con sus amigos para hacer algún plan? ¿Cómo conseguiría pareja, si es que no la tiene? Tinder, Bumble, apps de citas, redes sociales y demás no aparecían para la época. ¿Qué programa de televisión vería? Netflix, Disney, YouTube y TikTok no estaban disponibles. No podría perder el tiempo en Internet, así que, ¿cómo se distraería? ¿Leería más libros en papel? ¿Qué destreza o habilidad manual podría destacarlo en ese mundo que ya no existe? Si tuviera que vivir de alguna manualidad o destreza absolutamente personal –no mediada por un computador o Internet–, ¿qué trabajo podría conseguir?

Ojalá no busque la respuesta en ChatGPT.

(Lea todas las columnas de Javier Borda en EL TIEMPO, aquí)


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