Adiós a cuanto amamos
Ante la evidencia de que para mí “el día del adiós a todo cuanto amamos” está cerca, creo que debería comenzar a desprenderme de todo lo que amo. A lo largo de la vida he ido acumulando cosas y afectos humanos. Llegado al final y hecho un inventario de mi patrimonio, me doy cuenta de que entre lo que he amasado hay algunos tesoros valiosos. Sí, conservo viejos amigos y un número creciente de caros afectos –mis familiares más cercanos–, que constituyen un capital del cual no puedo prescindir, y a quienes no quisiera decir adiós jamás. A ellos corresponde ir acostumbrándose a vivir sin mí.
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Entre los bienes materiales, escasos, adquieren la condición de tesoros. Los muchos libros y las exiguas obras de arte que poseo los considero el más valioso caudal a mi haber. Comencé a amasarlo desde mi edad temprana. No tuve la costumbre de hacerme con cosas ostentosas, que además de costosas no suelen ser indispensables.
A estas alturas de mi vida no poseo novedosos aparatos, es decir, no estoy al día.........
