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Desamparados

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24.02.2026

A punto de ser atropellado la semana pasada –¡nuevamente!– por un motociclista que invadió el andén por el que me desplazaba, decido volver sobre el tema de la movilidad en Bogotá. Y no dudo en afirmarlo con todas las letras: a ojos de peatón, esta alcaldía se raja estruendosamente en materia de movilidad. (Aclaro de una vez por todas que, en las pasadas elecciones de alcaldes, voté por Carlos Fernando Galán.)

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Para un caminante incansable como soy, el ejercicio de moverse a pie por Bogotá, que debería ser grato, estimulante y saludable, se ha convertido en una fuente de estrés y en una práctica de alto riesgo. Sin exageración.

La invasión de los andenes por las motocicletas, las bicicletas motorizadas, las patinetas eléctricas y las bicicletas de los mensajeros de empresas como Rappi –a las cuales no se les exige un protocolo para la formación de los repartidores en materias tan elementales como el respeto por los caminantes y por las normas de tránsito– están convirtiendo los espacios públicos de la ciudad en un infierno.

Los peatones, cuyos derechos en materia de movilidad deben primar sobre los de cualquier tipo de vehículo, estamos desamparados en Bogotá.

Aún tiene tiempo esta administración para emprender acciones en pro de los caminantes.

En mis largas y frecuentes caminatas no he visto una sola vez un operativo para educar o para multar a los motociclistas que invaden los andenes o las ciclorrutas. Ni uno solo. Y la situación es cada vez peor. Quizás el alcalde y los funcionarios de la Alcaldía deberían bajarse alguna vez de los vehículos oficiales y caminar por la ciudad para que se hagan una idea de la magnitud del problema. Y para que, de paso, se enteren de otra de las pestes que afectan a Bogotá: el vertimiento de basuras y de lixiviados por parte de muchos restaurantes en los andenes y las vías públicas.

Es lamentable ver –y padecer– cómo se ha deteriorado la calidad de vida de los bogotanos en los últimos años.

Y ese deterioro tiene que ver también con otra materia en la cual se raja considerablemente esta alcaldía: la cultura ciudadana. Los esfuerzos –programas, campañas, iniciativas– para mejorar la convivencia y fomentar el respeto por el espacio público brillan por su ausencia.

Aún tiene tiempo esta administración para emprender acciones en pro de los caminantes. Para promover un ambiente más amable. Para hacer cumplir las normas de tránsito y hacer valer los derechos de los peatones.

(Lea todas las columnas de Fernando Quiroz en EL TIEMPO, aquí)


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