Ante el odio, la escucha
Opinión Ante el odio, la escucha
@queraltcastillo.bsky.social
He vuelto con decenas de testimonios en la grabadora: el de F. y M., personas trans que han sido agredidas y maltratadas por sus familias y por las autoridades marroquíes; el de S., hostigado por su condición de cristiano y quien busca a sus dos hermanos, de los que no sabe nada desde abril; el de T., a quien la policía le reventó el móvil y ahora no puede hacer videollamadas con su hija de siete años; el de S.M., de origen bengalí a quien se le ha denegado el asilo a pesar de estar perseguido por las autoridades que han tomado el relevo de Sheik Hasina en Bangladesh; el de W., licenciado en biología y de origen senegalés pero con poco futuro en su país de origen; el de K. y su amiga, unas chavalas de 17 años que nos suplicaron que les encontrásemos un sitio en el que dormir porque estaban recibiendo amenazas y las habían intentando violar… Y así con decenas de iniciales, tras las que se esconden nombres propios e historias de vida que no deberíamos pasar por alto.
Las cifras importan, y así lo ha constatado la dimensión que les hemos dado estos días. “80.000 personas”, hemos repetido —sí, también nosotras— de manera incesante los medios de comunicación. Menos importancia, sin embargo, hemos dado a los nombres propios: Karima, Abdellah, Mohamed, Fariha, Sami, Ayman, Modou, Wakilo, Tamim, Alfadil, Adil, Zakha…
La responsabilidad no ejercida
Hay algo, sin embargo, además de todas estas historias, que me ronda la cabeza. Más que algo, se trata de una palabra, un concepto que........
