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Todas las rosas

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14.06.2026

Opinión Todas las rosas

El galpón lo habían construido entre la gente del barrio. No sé bien de dónde sacaron el dinero para los ladrillos ni para la chapa del techo. Pero sé que las manos para poner un bloque de cemento sobre otro eran de muchas de las personas que estaban ahí en ese momento. Para poner losas en el suelo no llegó la plata. En las casas de la gente que tiene que elegir qué materiales comprar porque el dinero no llega para todo, se prioriza lo que te cubre por arriba y después, si acaso, lo que pisan tus pies.

Era un espacio grande, diáfano, con tablones de madera que se colocaban sobre borriquetas metálicas en distintas partes según se fueran a usar para una cosa o para otra. A veces servían para hacer las clases de la escuelita popular, que aplicaba la pedagogía que estaba escrita en los libros de Paulo Freire. Otras, se colocaban apoyados en las paredes para dejar el espacio diáfano para sentarse en círculo y hacer asambleas. Y, cada día, se usaban para sostener las ollas y los platos para dar de comer a decenas de niñas y niños del barrio que iban a ese lugar para calmar, por un rato, el hambre. 

Pero si hay algo que movilizara a las mujeres de ese barrio era saber que, con la barriga vacía, era imposible que sus hijas e hijos........

© El Salto