Desarticular la despolitización: hacia un radicalismo LGTBIQ+
Opinión Desarticular la despolitización: hacia un radicalismo LGTBIQ
Flores, caramelos y tazas de café han sustituido a las personas de carne y hueso en los carteles del Orgullo madrileño. No es una casualidad; el Ayuntamiento de Madrid ha puesto a funcionar —una vez más— su engranaje propagandístico, una táctica política deliberada y un posicionamiento ideológico concreto: el de confinar a las luchas y los movimientos sociales a un plano que la filósofa Butler llama “lo meramente cultural” (Butler, 1997, El marxismo y lo meramente cultural). Se reduce nuestra existencia a una cuestión de reconocimiento simbólico, ocultando que nuestra exclusión es un engranaje fundamental para el sistema. Como advierte la propia Butler, estamos ante una trampa, pues “la misma definición de ‘persona legal’ está rigurosamente constreñida por las normas culturales que son indisociables de sus efectos materiales”. Es decir, cuando se nos excluye y se nos invisibiliza, cambiándonos por atrezzo de colores, se pone de manifiesto una “operación específica de distribución sexual y generizada de los derechos legales y económicos”.
El resultado son carteles asépticos, vacíos de mensajes reivindicativos. Se exacerba el envoltorio, se vacía el contenido y se camuflan las desigualdades materiales, transformando el potencial reivindicativo del colectivo en un rentable fetiche comercial.
Esta estrategia, lejos de ser accidental, opera mediante una aséptica puesta en escena donde la mercantilización estética desplaza a la realidad material, despolitizando el Orgullo; es, precisamente, esa arquitectura de la vacuidad la que permite a los poderes públicos y al mercado secuestrar hasta nuestra iconografía, facilitando que el cinismo institucional se instale cómodamente donde antes habitaba la protesta.
El cinismo institucional
El sistema económico ha transmutado lo que nació como una impugnación antisistema en un mecanismo publicitario. Lo vemos cuando entidades como el Santander o el BBVA despliegan campañas de marketing inclusivo llenas de banderas arcoíris durante junio, al tiempo que financian fondos de inversión que especulan con el alquiler, agravando la precariedad de la clase trabajadora a la que también pertenecemos. O cuando grandes empresas tecnológicas, que presumen de políticas corporativas LGTBI-friendly, proveen simultáneamente servicios en la nube y software de reconocimiento facial a agencias de control migratorio y fuerzas de seguridad, alimentando una infraestructura de vigilancia que facilita la identificación y el acoso policial contra personas trans y disidentes sexuales —tal y como han documentado organizaciones como la ACLU respecto a la tecnología de reconocimiento facial o........
