Costa Rica en la ola regional de las extremas derechas. La “pura vida” que dejó de existir
@marcemontanaro
Jurista. Investigadora sobre derechos humanos y feminismos decoloniales.
El domingo 1 de febrero, Costa Rica eligió a Laura Fernández como presidenta del país, con el 48,30 % de los votos válidos. La jornada electoral, marcada por una participación del 69,08 % del padrón electoral y un abstencionismo del 30,92 %, según datos oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones, confirmó la sucesión de Rodrigo Chaves Robles y la continuidad del proyecto político que ha dominado el actual ciclo gubernamental.
El actual presidente, Rodrigo Chaves, y su sucesora, Laura Fernández, representan lo que denomino un “trumpismo criollo”, inscrito en el legado histórico de las élites locales que, desde la conformación del Estado costarricense, reproducen el poder sin alterar las estructuras corruptas de exclusión económica, social, racial y política que lo sostienen. A lo largo de la historia han cambiado los actores, pero no la mentalidad criolla de quienes detentan el poder.
Se trata de un proyecto político que combina neoliberalismo económico, conservadurismo social y religioso con prácticas autoritarias que desdeñan la institucionalidad, articuladas mediante un discurso confrontativo cercano al populismo que, lejos de abordar la corrupción histórica y las estructuras que producen desigualdad, gestiona el malestar social mediante la simplificación del conflicto político, la construcción de enemigos internos y la erosión de las mediaciones democráticas. Es en este marco donde estas élites miran hoy en el presidente salvadoreño Nayib Bukele su gran espejo para seguir echando a andar un autoritarismo revestido de democracia.
El giro de Costa Rica hacia una derecha criolla trumpista con aires bukelistas no constituye un fenómeno aislado ni estrictamente nacional, sino que se inscribe en el marco de una dinámica transnacional más amplia del avance de las extremas derechas, que se consolidan adaptándose a las condiciones culturales y económicas de cada territorio.
Costa Rica, durante mucho tiempo, se presentó ante el mundo, y ante sí misma, como una excepcionalidad en el contexto latinoamericano; es más, se consideró la Suiza centroamericana. La ausencia de ejército, la regularidad electoral, una estabilidad política y una........
