Agricultura boliviana: riqueza rural, desigualdad persistente
La agricultura no es, en Bolivia, un sector productivo más entre otros: es la columna vertebral sobre la que se ha erigido buena parte de la identidad económica y cultural del país. En efecto, desde los sistemas de andenes tiwanacotas hasta la agroindustria soyera contemporánea, el campo boliviano ha sido escenario de una acumulación histórica de saberes técnicos que merece ser leída no como folclore, sino como capital productivo genuino. Wanderley (2013) sostuvo que el sector agropecuario ha representado históricamente entre el 12% y el 15% del Producto Interno Bruto, cifra que, lejos de resultar anecdótica, revela la persistencia de una vocación agraria que ningún ciclo extractivista ha logrado desplazar del todo.
Ahora bien, reducir la importancia de la agricultura a su aporte porcentual al PIB sería incurrir en una simplificación empobrecedora. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (2022), aproximadamente el 29% de la población ocupada en Bolivia se dedica a actividades agropecuarias, lo que convierte al sector en el principal proveedor de sustento para millones de familias rurales. Por consiguiente, cualquier diagnóstico riguroso debe abandonar la mirada........
