El liderazgo no se compra
Hay una confusión peligrosamente aceptada en buena parte de la política local: la creencia de que el liderazgo es una transacción, una forma de poder que se acredita mediante la acumulación de recursos, la ocupación de cargos o la capacidad de exhibir influencias. Bajo esta lógica empobrecida, liderar no significa orientar, sino dominar; no implica servir, sino administrar necesidades; no exige virtud, sino solvencia económica.
En el Cesar, y de manera particularmente visible en Valledupar, proliferan figuras que se autoproclaman líderes porque tienen séquitos, porque controlan presupuestos, porque parecen inmunes a la crítica o al relevo. Sin embargo, esa posición no nace del respeto ni de la admiración genuina, sino del dinero, de la burocracia y de estructuras de poder que se reproducen por costumbre, por miedo o por dependencia, más que por una adhesión consciente y razonada. Es un liderazgo aparente, sostenido por la inercia y no por la convicción; por la utilidad y no por el ejemplo.
El liderazgo verdadero no se hereda y, sobre todo, no se compra. Aquí hay algo de lo que poco se habla en........
