El espectáculo de la firmeza
Las sociedades suelen enamorarse de las formas porque las formas son visibles. Un gesto, un símbolo, un amuleto, una puesta en escena: todo eso produce una impresión inmediata. Y las impresiones, en tiempos de ansiedad, suelen confundirse con profundidad. Pero las formas, cuando no están sostenidas por un fondo real, dejan de ser expresión y se convierten en manipulación.
Hay hombres que entienden esto perfectamente. Saben que gran parte del electorado ya no escucha ideas ni examina trayectorias: consume símbolos. Por eso aparecen cubiertos de objetos que pretenden transmitir fuerza, tradición, espiritualidad, autoridad o pertenencia. No porque los comprendan realmente, sino porque saben que funcionan como herramientas psicológicas. Como haría cualquier manipulador: utilizar aquello que genera identificación emocional para producir obediencia simbólica.
Y entonces empiezan los discursos “firmes”, las consignas........
