A los papás, por enseñar a ver la vida a colores
En la puerta del Estadio Nacional soltábamos la mano de nuestros padres para subir de a dos los escalones, esperando el momento exacto en que el cemento terminaba y empezaba el estallido.
De pronto, descubríamos que el pasto era verde, y que las camisetas de la ‘U’ eran cremas y las de Alianza, azul y blanco. Nada era monocromático como piadosamente nos hacía creer la difunta, pero respetable, televisión en blanco y negro. El estadio, para los niños, dejaba de ser el lugar donde íbamos a ver un partido para convertirse en el sitio donde la vida, por fin, se pintaba a colores.
Mi padre caminaba sin prisa por........
