Las claves del enfrentamiento entre Escribano y Moncloa por Indra
Las claves del enfrentamiento entre Escribano y Moncloa por Indra
Por qué la industrial madrileña Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) ha roto la fusión tras el cambio de parecer del Gobierno sobre el "conflicto de interés" existente
El presidente ejecutivo de Indra Group, Ángel Escribano Ruiz (d) y el consejero delegado, José Vicente de los Mozos (i). / Eloy Alonso / EFE
Monique Zamora Vigneault
"Se acabó el conflicto de interés", defiende un directivo de una compañía del sector de la defensa. La compañía industrial madrileña especializada en componentes para la industrial militar Escribano Mechanical and Engineering (EM&E) puso este jueves punto y final a la fusión por absorción con Indra. Una operación que se conoció el pasado 25 de abril y que durante cerca de un año ha generado revuelo mediático y controversias debido al "conflicto de interés" existente ambas compañías. Cabe recordar que el presidente de Indra, Ángel Escribano, es propietario de EM&E junto a su hermano Javier, consejero dominical de la cotizada, y a su vez segundos máximos accionistas de Indra con el 14,3% de las acciones, por detrás de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que cuenta con el 28% del capital.
EM&E subrayó este jueves en un hecho relevante remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que "no se dan actualmente las circunstancias que permitan una potencial operación entre Indra y Escribano (EM&E)" después de que la SEPI señalara la puerta de salida de Ángel Escribano para "resolver el conflicto de interés" antes de proseguir con la operación de integración. ¿Qué ha cambiado para que Moncloa vea ahora "conflicto de interés" y no cuándo impulsó la operación el pasado año con el objetivo de crear un campeón nacional de la defensa? ¿Qué espera conseguir Escribano al romper la fusión?
El control accionarial en la fusión
La malograda fusión de Indra con la empresa familiar de los Escribano, valorada en unos 2.000 millones de euros tras los últimos contratos logrados al calor del rearme militar, habría apuntalado el control de los hermanos en la tecnológica y hubiera dejado mermado el control accionarial de la SEPI. EM&E hubiera pasado de un 14,3% de las acciones de Indra a un porcentaje que podría haber llegado incluso al 30% del capital, mientras que el brazo inversor del Estado se hubiera diluido hasta cerca del 22% del capital en una potencial fusión por absorción, que fue la primera opción que se planteó cuando se conoció la operación en abril de 2025. Es decir, el temor que ha provocado el cambio de posición de la SEPI es que corría el........
