La segunda vida de las urbanizaciones ‘fantasma’ de la burbuja
La segunda vida de las urbanizaciones ‘fantasma’ de la burbuja
Urbanizaciones como El Quiñón, Valdeluz o Can Colomer, que quedaron a medio construir tras el estallido de la burbuja, han visto cómo han vuelto las grúas al calor de la crisis de acceso a la vivienda que viven las grandes ciudades
Imagen de archivo de El Quión, en Seseña, la urbanización de El Pocero, en 2006, con numerosos edificios en construcción / AGUSTIN CATALAN
Conduciendo por la A-5 desde Madrid, a la altura del kilómetro 33, se vislumbra una mole de edificios en mitad de la nada. Es El Quiñón, una zona residencial a las afueras del municipio toledano de Seseña, frontera de la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha. Allí, Francisco Hernando Contreras, el empresario fallecido en 2020 y conocido como Paco ‘El Pocero’, proyectó una 'macrourbanización' de 13.000 viviendas que, tras su quiebra en 2008 por la crisis inmobiliaria, quedó en buena medida abandonada durante más de una década. El Quiñón es una de las decenas de urbanizaciones ‘fantasma’ que dejó la resaca de la fiesta del 'ladrillo' en España. Pero aquella resaca empieza a quedar atrás. En este y en otros 'megaproyectos' diseñados durante la burbuja y abandonados tras su estallido vuelven a verse hoy grúas.
El caso más paradigmático es, precisamente, el de la urbanización de El Pocero. Comprar hoy una vivienda por menos de 200.000 euros es (casi) imposible: apenas quedan tres pisos anunciados por 199.000 euros. Dos de ellos ya están reservados, confirman las inmobiliarias que los anuncian, por lo que desaparecerán próximamente de Idealista. Según la plataforma Fragua, de la consultora Atlas Real Estate, el precio de la vivienda en este nuevo barrio se ha duplicado desde 2015. El metro cuadrado ha pasado de los 1.075 euros a rozar —y superar algunos meses— los 2.000. Tras la pandemia era posible adquirir un inmueble por menos de 132.000 euros. Hoy de media valen más de 255.000 euros.
Esta segunda vida de la urbanización de El Quiñón se ha traducido en el regreso de las grúas, después de casi una década con numerosos suelos en barbecho. Muchos acabaron en manos de la banca acreedora y de Sareb, el ‘banco malo’ creado para rescatar a las cajas de ahorros. Rafael González-Cobos es presidente de Grupo Inmobiliario Ferrocarril, una de las promotoras que más ha apostado por esta zona en los últimos años y una de las pocas que puede presumir de haber sobrevivido al ‘tsunami’ de los años 2007-2012. Tiene cerca de 600 viviendas en diferentes fases en marcha.
"Entregaremos en julio nuestra primera promoción de........
