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Malo será

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friday

Ver las cosas que tienes delante cuesta mucho más de lo que se cree. Es así cómo llegan los descalabros, las separaciones, a veces la muerte

Bonsái en el lago. / iStock

Hace un año y medio me regalaron un bonsái. Sucedió en febrero, por mi aniversario. Esos días me dolía una rodilla, un hombro, un tobillo, acababa de tirar mis vaqueros preferidos y tenía el coche en el taller, así que me salió decirle entre dientes al arbolito «A ver quién dura más». Me atragantaba con mi propia amargura. No sabía yo nada de bonsáis, ni de jazmines, ni glicinas, ni helechos, ni hierbajos, aunque tenía un rastrillo de tres dientes, una pequeña azada, una regadera y una tijera de podar. En su día –en los años ochenta, ojo– había visto 'Karate Kid II', donde el profesor Miyagi, de vuelta a Okinawa, monta una tienda de cuidado y venta de estos pequeños árboles. Con esto, y con acordarme de regarlo de vez en cuando, deduje que todo iría medianamente bien. «Malo será», me repetía cada vez que profetizaba que el bonsái moriría más bien pronto y a lo mejor yo me quedaría cojo poco después.

Por supuesto, el día que me lo regalaron hice el esfuerzo de enfocar con el teléfono al código QR que incluía la etiqueta que colgaba de una ramita, y que me condujo a un........

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