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Educar es un trabajo en equipo: escuela y familia caminando juntas

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13.03.2026

Como maestra, he aprendido que la educación no puede sostenerse solo dentro del aula. Por más esfuerzo que pongamos las maestras y los maestros, el aprendizaje de los niños necesita continuidad, acompañamiento y apoyo en casa. Educar no es una tarea individual, es un trabajo en equipo donde la escuela, la familia y los estudiantes deben caminar juntos.

Durante mi experiencia en aula, pude observar que muchos niños tienen dificultades para comprender lo que leen. No siempre se trata de falta de capacidad, sino de falta de acompañamiento. Algunos estudiantes necesitan que alguien les lea en casa, que les explique con paciencia, que los escuche cuando no entienden una palabra o una consigna. A veces basta con que el papá, la mamá, la abuela o un hermano mayor se siente unos minutos a leer con ellos.

La lectura no se fortalece solo con tareas escolares. Se construye con la práctica diaria, con la constancia y, sobre todo, con el ejemplo. Cuando los niños ven que en casa alguien lee, conversa sobre lo leído o muestra interés por aprender, ellos también se motivan. En cambio, cuando la lectura queda únicamente como responsabilidad de la escuela, el avance suele ser más lento y desigual.

En muchas familias, las largas jornadas laborales dificultan este acompañamiento. Esto no significa falta de interés, sino falta de tiempo. Sin embargo, incluso pequeños gestos pueden marcar la diferencia: preguntar qué leyeron en la escuela, escuchar un resumen, revisar una receta o un texto corto juntos. La lectura no siempre tiene que ser un libro; puede ser un periódico, una receta, un cartel o cualquier texto cotidiano.

Desde la escuela, también tenemos una gran responsabilidad. No basta con enviar tareas; es necesario orientar a las familias, explicarles cómo pueden apoyar sin sentirse presionadas ni desbordadas. Cuando se propone una lectura breve, clara y posible, los padres se animan a acompañar. La comunicación entre la maestra y la familia es clave para que el aprendizaje continúe fuera del aula.

Durante la práctica educativa, se evidenció que cuando los estudiantes contaban con apoyo en casa, mostraban mayor seguridad al leer, se animaban a participar y expresaban mejor sus ideas. La comprensión lectora mejoraba porque la lectura tenía sentido tanto en la escuela como en el hogar. Los niños comprendían que leer no era solo una tarea escolar, sino una herramienta para la vida.

También es importante reconocer que no todos los niños avanzan al mismo ritmo. Algunos necesitan más explicaciones, otros más práctica, otro más apoyo emocional. En estos casos, el acompañamiento familiar resulta fundamental. No se trata de exigir resultados inmediatos, sino de acompañar el proceso con paciencia y confianza.

El estudiante también tiene un rol importante. Aprender implica esfuerzo, compromiso y responsabilidad. Cuando el niño entiende que no está solo, que su maestra y su familia lo apoyan, se siente más seguro para intentar, equivocarse y volver a intentar. Ese clima de apoyo fortalece su autoestima y su deseo de aprender.

La educación en equipo permite atender mejor las necesidades de cada estudiante. La escuela aporta orientación pedagógica, la familia brinda apoyo afectivo y acompañamiento, y el estudiante pone su esfuerzo y voluntad. Cuando estos tres actores trabajan juntos, el aprendizaje se vuelve más sólido y significativo.

Por eso, creo firmemente que fortalecer la comprensión lectora y el aprendizaje en general requiere abrir más espacios de participación familiar, promover el diálogo constante y construir alianzas reales entre la escuela y el hogar. Educar no es tarea de uno solo. Es una responsabilidad compartida que, cuando se asume en conjunto, ofrece mejores oportunidades para que nuestros niños aprendan, crezcan y se desarrollen plenamente.


© El País