Gobernar no es aferrarse
El poder es adictivo, más que cualquier otra droga conocida o por conocer. Demostraciones hay por todas partes y en todas las latitudes. Quien lo prueba difícilmente lo suelta y quien lo suelta casi nunca lo hace por su propia voluntad.
En América los ejemplos están a la mano. En Cuba una familia gobierna desde 1959. Los presidentes cambian de nombre, pero la última palabra la sigue teniendo Raúl Castro, a sus 95 años y ahora ha aparecido en la escena un nieto suyo. Son 67 años sin que los cubanos hayan podido escoger otra opción.
Ni qué decir de Nicaragua. Allí el antiguo líder sandinista Daniel Ortega estableció con su esposa, Rosario Murillo, una verdadera monarquía política. Ella dejó de ser vicepresidenta para convertirse en “copresidenta”, figura inventada a la medida de la pareja. Y para que no quedaran........
