El frecuente llamado de la muerte
Debo admitir que la tristeza ha estado tocando frecuentemente las puertas de mi alma ante el repetido llamado de la muerte en seres y familias queridas. No tengo claro si el hecho de que me falten pocos años para llegar al séptimo piso hace que la lista de mis amigos y conocidos sea más cercana a la última estación, la del final del camino.
Un sacerdote o alguien piadoso me corregirá recordándome que es la llegada a la vida eterna, luego no es la parada final. Confieso que acojo silencioso estos principios de la Madre Iglesia, sin comprenderlos adecuadamente. Es más, en cada misa de difuntos a la que asisto, compadezco al cura en el sermón pues me parece tan difícil decir a los cuatro vientos que el cielo está de fiesta y que recibamos con alegría al nuevo ángel, todo expresado en medio del peso de la ausencia y del dolor colectivo. Y si el cura que oficia la misa no conocía al difunto, peor aún, pues no se podrá referir a la........
