¿Es la ONU un Leviatán?
Cada septiembre el mundo asiste al monumental ritual diplomático en Manhattan, convencido de que allí sesiona el parlamento de la humanidad. Mandatarios y delegaciones colman agendas contra reloj entre discursos grandilocuentes y reuniones bilaterales. Sin embargo, tras ocho décadas de existencia, la pregunta de fondo resulta insoslayable: ¿para qué sirve esta inmensa parafernalia institucional si es estructuralmente incapaz de detener las guerras que desangran al planeta?
Viví este andamiaje desde adentro como embajadora de Colombia en Kenia y representante permanente ante los programas de Hábitat y el Pnuma en Nairobi. Atendiendo simultáneamente la agenda bilateral y multilateral, la experiencia equivalió a cursar dos maestrías por el descomunal volumen técnico requerido. Conocí el inmenso valor de ciertos programas, pero también palpé las patologías de una burocracia internacional autorreferencial que hoy enfrenta severos cuestionamientos ciudadanos.
Las críticas globales arrecian desde distintos frentes ideológicos. Donald Trump sentenció con crudeza que las declaraciones altisonantes no frenan guerras; Nayib Bukele declinó asistir calificándolo........
