La puerta de hoy
Hay una puerta que llevo años mirando desde afuera. Sospecho que usted tiene la suya.
No es una puerta cerrada. Esas son más fáciles, uno se resigna y sigue de largo. Está entreabierta. Ahí quedan la llamada que no hago, la disculpa que no doy, el proyecto que siempre arranca la próxima semana.
Dios no abre todas las puertas de una vez. Las va abriendo de a una, y solo se sirve en la que está abierta hoy. Eso pide perseverancia para no forzar la que sigue cerrada. Y pide algo más difícil todavía, la disciplina para cruzar, día tras día, la que ya se abrió.
Uno cree que las puertas grandes se abren de un golpe, con anuncio y aplauso. Casi nunca es así. La mayoría se abren en rendijas. Una llamada que por fin se contesta, un sí a medias, una acción menor que nadie más quiso hacer.
San Agustín conocía bien esa demora. Le pedía Dios el cambio y, en la misma frase, le pedía tiempo.........
