La encrucijada electoral
Las elecciones presidenciales en Colombia atraen a los periodistas y cronistas internacionales, en especial por cuánto más de la mitad del territorio nacional se encuentra en poder de los subversivos y las mafias de los negocios ilícitos, lo mismo que por la aparición inicial de un enjambre de candidatos y la división de la derecha frente a una candidatura fuerte de izquierda que en todas las encuestas se mantiene firme con el apoyo del gobierno. El inquilino de la Casa de Nariño tiene en algunos sondeos una popularidad que raya con el 50 %, lo que resulta inaudito para algunos cronistas extranjeros, que se muestran sorprendidos porque con un gobierno que fracasó en su política de la Paz Total y que carece de una obra positiva de mostrar, tiene esos índices de popularidad al final de su desastroso mandato.
Si bien el anterior interrogante es evidente, resulta que el inquilino de la Casa de Nariño ha conseguido en casi todos los meses y días de su mandato mantener la iniciativa política y gobernar como un dictador mediante decretos, los cuales después suelen tumbar las altas cortes en defensa de la Constitución y el derecho, generalmente. cuando ya han causado mal o aupado la anarquía.
Petro se vale de las falencias de la Carta Política del 91 para tomar determinaciones más propias de un dictador que de un supuesto activista de la democracia. Es verdad que un coro de descontentos grita en los estadios: ¡fuera Petro!, lo mismo que algunas damas en el Congreso, sin que los gritos ni chillidos logren su objetivo. Petro sigue campante violando una y otra vez la Constitución y despotricando por los micrófonos oficiales, donde muchas gentes del pueblo lo siguen. En navidad numerosos hogares del país recibieron mercados obsequiados por agentes del gobierno, fuera de la catarata verbal de ofertas populistas con las que suele ocultar sus desastrosas políticas en el campo de la salud, de la economía o en casos concretos de corrupción abusiva en las diferentes instituciones oficiales.
Ahora pretende, como en su momento los socialistas argentinos, asaltar los fondos de pensiones y dejar en la calle a los trabajadores que ahorraron toda su vida activa para tener un paraguas en la vejez. Esa desgraciada iniciativa podría dejar a los militares colombianos en retiro desamparados y en la ruina, tras dedicar una vida al servicio de la Patria. Aun así, la popularidad de Petro sorprende a algunos, que no entienden que el populismo promesero subsiste no sólo por la audacia de los demagogos, sino por la ingenuidad de los pueblos.
Lo que está en juego es la democracia, dado que los candidatos presidenciales y los opositores recuerdan el antecedente del atentado que le costó la vida al brillante parlamentario Miguel Uribe, como el asesinato de otros políticos y periodistas. Hoy pocos se atreven a desafiar a la izquierda al estilo de Abelardo de la Espriella, que sigue los pasos del gobernante de El Salvador, donde los civiles saludan a lo militar. No faltan, entre tanto, los que opinan y repiten con otras caras, palabras y ejemplos, los episodios que condujeron a la derrota de la derecha y el triunfo de Petro en las elecciones pasadas.
En estos momentos se requiere una derecha monolítica para enfrentar un gobierno demagógico, despilfarrador y tramposo. Existe el peligro real del eventual triunfo de Iván Cepeda en la primera vuelta. Así que los partidos tradicionales que no tienen candidato deben apoyar a la senadora Paloma Valencia, mientras tenga la primera opción.
Es explicable que Abelardo de las Espriella, por ahora, insista en su campaña puesto que no quiso participar en consultas. Desde que manifestó sus ambiciones presidenciales todo para él ha sido ganancia, como para sus aliados políticos. Más Paloma y Oviedo remontan vuelo. Así que quien terminará por definir el porvenir de Colombia será el expresidente Álvaro Uribe, en cuanto al salir en campaña con Paloma Valencia va a movilizar con sus intervenciones la opinión popular a favor o en contra. En ese terreno el expresidente Uribe no tiene contradictores de su estatura.
En una campaña tan salpicada de sorpresas como la actual por la presidencia de Colombia, habrá numerosos retos y nadie tiene la última palabra. De lo que estamos seguros es que si a los colombianos les preguntan qué país les parece mejor ¿Cuba comunista o los Estados Unidos?, los que estén en sus cabales dirán Estados Unidos. El comunismo es la miseria, la dictadura, la frustración y el horror.
