El juego que los adultos estamos dejando de ver
Quizás el problema no es solo que los niños jueguen menos. Quizás también nosotros hemos dejado de reconocer el juego cuando lo vemos y lo reemplazamos por acciones que nos den resultados más visibles o habilidades más medibles.
Durante años hemos repetido que los niños y niñas aprenden jugando. Lo decimos en seminarios, lo investigamos, lo leemos en referentes del siglo pasado. Es un tema que sigue plenamente vigente. Sin embargo, cada vez escuchamos con más frecuencia que “los niños ya no juegan”.
Las familias llegan cansadas, las ciudades tienen menos espacios seguros para el juego libre, las agendas infantiles se llenan de actividades pensadas más en la comodidad del adulto que en la necesidad del niño. Y las escuelas, incluso desde edades muy tempranas, empujan a los niños hacia rutinas sedentarias: sentados, en silencio, completando páginas, siguiendo instrucciones, respondiendo rápido. Como si la infancia fuera una preparación urgente para la monotonía y la estandarización, en lugar del tiempo más fértil de la vida.
Entonces ocurre algo paradójico: nos preocupamos porque........
