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¿Volver a crecer idealizando el pasado?

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04.03.2026

El futuro crecimiento económico debe sustentarse con un bienestar social palpable en la población más allá de los dígitos. La fijación de Kast por reivindicar un pasado de crecimiento está lejos de enmarcarse en un periodo donde la mayoría de los chilenos vivían bien.

José Antonio Kast logró capturar la simpatía de cientos de chilenos con una narrativa centrada en seguridad, orden, respeto a la autoridad y volver a crecer económicamente. Este último punto resulta bastante interesante de analizar, puesto que Kast se compromete a recuperar un ritmo de crecimiento económico que parece perdido. Bajo su lógica, Chile hoy atraviesa una economía estancada, con poco dinamismo comercial y altos niveles de frustración social en cuanto a poder adquisitivo y expectativas de consumo.

Uno de los aspectos más criticados del Gobierno de Boric son sus niveles de crecimiento. Concretamente, durante su mandato el PIB ha crecido cerca de un 2% promedio, lo que indicaría que bajo estos últimos cuatro años la riqueza chilena ha aumentado de una manera bastante modesta.

Esto contrasta con los formidables porcentajes de crecimiento promedio bajo gobiernos como el de Aylwin (7,4%), Frei Ruiz-Tagle (5,5) o Lagos (4,8%). Aunque estos porcentajes fueron registrados bajo administraciones ideológicamente opuestas a Kast, seguramente para su equipo fueron parte del periodo donde la economía chilena se desempeñó de forma más sólida.

En esos años el neoliberalismo era significativamente más profundo, permitiendo a los sectores empresariales amasar grandes fortunas bajo mercados mínimamente regulados.

Sin embargo, concentrarse exclusivamente en el indicador de crecimiento, medido en la variación del PIB, conduce a concentrar la mirada en una reducida forma de apreciar la realidad socioeconómica chilena. La obsesión por el número neto desplaza otras perspectivas que caracterizaron este periodo.

Si bien durante la década de 1990-2000 los porcentajes de crecimiento rondaban el 5%, esto no necesariamente se tradujo en que la mayoría de los chilenos viviera en una época dorada. Según datos de la Cepal, para el año 2000 el 43% de los chilenos vivía bajo la pobreza y en 2001 el 58% aseguró que sus ingresos no le alcanzaban para llegar a fin de mes. Hoy, donde el Estado ha cobrado un mayor rol regulador y ha impulsado políticas sociales, los datos son notablemente mejores.

La misma Cepal reporta que hoy el 32% cree que su sueldo no alcanza para llegar a fin de mes, mientras que la pobreza llegó al 17% con la nueva metodología de la encuesta Casen (5% con método anterior). Chile en los años 1990-2000 registró estadísticas macroeconómicas bastante más impresionantes, pero definitivamente se vive mejor en la actualidad.

Sin embargo, esto no se debe a un capitalismo desregulado que brindó bonanza a la población gracias al comportamiento espontáneo de los mercados, sino a la acumulación de políticas que les han restado espacio a las prácticas neoliberales.

Kast intenta consolidar una narrativa dispuesta a devolvernos a los años donde Chile crecía a niveles acelerados. Pero esto es una mezquina idealización de un pasado donde se vivía peor y el crecimiento benefició más a unos que a otros. Es obvio que Chile debe crecer, pero no bajo las lógicas del pasado.

El futuro crecimiento económico debe sustentarse con un bienestar social palpable en la población más allá de los dígitos. La fijación de Kast por reivindicar un pasado de crecimiento está lejos de enmarcarse en un periodo donde la mayoría de los chilenos vivían bien.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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