Pensar la reconstrucción desde la sociedad del conocimiento
El gran error de la gobernanza pública tradicional en Chile ha sido tratar de acoplar de manera forzada los modelos organizacionales del siglo XX con las tecnologías de la información del siglo XXI, generando fenómenos agudos de contraproductividad.
Reducir la reconstrucción del país a una política legislativa de reactivación del capital y la inversión puede llevarnos a perder el momento de reflexión que necesitamos para pensar nuestro futuro como sociedad.
Lo que este momento de inflexión necesita —lo que los griegos llamaban Kairós, el tiempo oportuno y abierto para definir un destino colectivo en escenarios imprevisibles— es una discusión sistémica previa sobre el modelo de sociedad que imaginamos y queremos construir.
El verdadero desafío estratégico radica en transitar de manera decidida hacia una genuina sociedad del conocimiento, reconociendo que el valor estratégico más duradero de una nación no está enterrado en sus yacimientos mineros ni flota en sus jaulas salmoneras, sino en la capacidad colectiva para producir, articular, gobernar y transformar la información en conocimiento para el bienestar social sostenible.
La sociedad del conocimiento no se reduce ni a la sociedad de la información, centrada en el uso de las TICs y el potencial de acceso masivo a los datos, ni a la economía del conocimiento, que enfatiza la generación de valor y riqueza a través de la producción de bienes y servicios basados en el conocimiento, la innovación y el capital intelectual.
La sociedad del conocimiento está enfocada en un desarrollo político emancipador más integral para el ciudadano y sus organizaciones, permitiendo las condiciones habilitantes para el acceso y uso abierto de la información con capacidad de generar valor e impacto social.
Poner en el centro de la discusión este concepto invita a pensar un paradigma social, cultural y político infinitamente más amplio, democrático e integrador que necesitamos en este momento para Chile. En una auténtica sociedad del conocimiento, las personas no son meras consumidoras pasivas de flujos transaccionales digitales, sino agentes activos que acceden y participan libremente en las dinámicas de creación, cuestionamiento y uso del conocimiento para impactar en su calidad de vida y encontrar soluciones colectivas ante crisis sistémicas.
Esta mirada sistémica nos obliga a poner el valor y el propósito social por delante de la fascinación fetichista por una economía basada solo en los avances tecnológicos, entendiendo que las herramientas digitales van cambiando a velocidad vertiginosa, pero las relaciones humanas que dan sentido al conocimiento permanecen.
El conocimiento no es un bien intangible flotante que se produce de forma aislada; surge necesariamente de las múltiples trayectorias, saberes........
