La patria de los elementos
Vivimos entre opiniones. La política produce una controversia tras otra. Las redes sociales convierten cada hora en una nueva indignación. El mundo virtual interpone imágenes entre el ser humano y las cosas. La atención queda absorbida por lo que nosotros mismos fabricamos y pierde de vista aquello de lo cual las obras humanas viven.
Chile comienza en otro lugar.
Todo pueblo recibe primero una tierra; sobre ella se funda una historia. Antes de leyes, gobiernos, partidos e ideologías existe un mundo que ningún ser humano creó. La nación no se da su suelo. Lo encuentra. Vive de él antes de pensarlo. La naturaleza no pertenece al pueblo; el pueblo pertenece a la naturaleza.
Esa dependencia suele permanecer oculta. La costumbre la encubre. La prosperidad la adormece. Pero terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, incendios, sequías, temporales y avulsiones rasgan ese velo. No llegan desde fuera. Constituyen el país mismo. Cada generación recibe entonces la misma enseñanza: la voluntad encuentra un límite. El ser humano transforma muchas cosas; nunca controla completamente el suelo del cual toda transformación vive.
Rolando Mellafe advirtió que esa repetición constituye una dimensión........
