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El relativismo climático como política antilaboral

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La crisis climática es también un problema laboral. No solo porque deteriora directamente las condiciones de trabajo, sino también porque los costos de la transición productiva –que ya está en marcha– tienden a trasladarse a quienes trabajan.

Mientras la degradación de las condiciones de vida avanza sin tregua, algunos sectores políticos siguen relativizando la crisis climática, minimizando su gravedad o la urgencia de tomar decisiones contundentes para mitigarla o adaptarse a ella. Esta postura suele justificarse con un argumento aparentemente pragmático: la descarbonización perjudica el crecimiento económico y, por esa vía, el empleo.

De esta manera, el cambio climático se presenta como una preocupación de élites progresistas desconectadas de las necesidades de la clase trabajadora.

Pero este argumento no solo es equivocado. Es peligroso, porque invisibiliza un hecho fundamental: el relativismo climático no protege el trabajo, lo expone. Es, en la práctica, una política antilaboral.

El cambio climático ya está afectando a los trabajadores, especialmente a los más vulnerables. Los eventos extremos, las infecciones transmitidas por vectores, la contaminación del aire y el uso de agroquímicos para controlar pestes, todos problemas asociados a la crisis climática, aumentan la incidencia de muertes y enfermedades........

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