La frágil apuesta ultraliberal
Chile requiere una agenda seria de productividad. Esa agenda debería simplificar permisos con instituciones más capaces, fortalecer competencia, innovación, formación técnica, infraestructura, seguridad, digitalización, ciencia aplicada, financiamiento para pymes y capacidades estatales.
La escena económica y política de estos primeros meses de gobierno encabezado por la derecha republicana merece atención.
En pocos meses se ha promovido una rebaja del impuesto corporativo de 27 a 23%, la reintegración tributaria total, garantías de invariabilidad para grandes inversiones, desregulaciones ambientales y financieras, flexibilidad laboral y recortes presupuestarios masivos y cuasi indiscriminados.
Visto en conjunto, el paquete expresa una ofensiva coherente de reordenamiento económico, fiscal y social en clave ultraliberal.
El gobierno sostiene que su objetivo es elevar el crecimiento potencial de Chile, atrapado desde hace años en torno al 2%. Esa preocupación es legítima. El país tiene un problema persistente de crecimiento, inversión y productividad. La economía perdió dinamismo, la inversión privada no despega, la productividad se estancó y el empleo formal ofrece menos oportunidades de las que requiere una sociedad de ingresos medios. Chile necesita crecer más, invertir más, innovar más y generar empleos de mejor calidad.
La dificultad comienza con el diagnóstico oficial. Para la derecha republicana y los sectores empresariales que la respaldan, la crisis de crecimiento parece explicarse casi enteramente por el costo del capital, la carga tributaria de las empresas, la rigidez laboral, la “permisología”, los estándares ambientales y la hipertrofia regulatoria del Estado.
Esa mirada empobrece el debate. El bajo crecimiento chileno también se relaciona con una matriz productiva poco sofisticada, baja inversión en investigación e innovación, formación técnica insuficiente, concentración económica,........
