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La ética de las encuestas políticas no puede seguir autorregulándose

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23.08.2026

El debate sobre las encuestas no debería centrarse en prohibirlas, sino en transparentar cómo se construyen. La baja respuesta, los paneles de autoselección y los intereses de la industria exigen reglas que permitan auditar los datos que cada lunes influyen en la conversación pública.

En marzo, después de 635 mediciones semanales, Cadem anunció que Plaza Pública dejaba las llamadas a celulares y pasaba a un panel web propio. La empresa lo presentó como una modernización, y en parte lo es. También es el reconocimiento de que el instrumento que ordenó la agenda política de los lunes durante doce años ya no podía sostener lo que su propia ficha afirmaba.

Los antecedentes venían acumulándose desde antes. La documentación metodológica que Cadem publicó en 2022 reconocía una tasa de logro de 11,9%: para conseguir 706 encuestas completas se hicieron 5.890 llamadas y 5.184 terminaron en rechazo. Ese mismo documento sostenía que el tracking era, por realizarse íntegramente por teléfono móvil, totalmente probabilístico. Un marco de números de celular sin control de duplicados, con casi nueve de cada 10 contactos negándose a responder, no entrega una muestra probabilística. Lo que produce es un modelo sostenido por supuestos que alguien decide y que el lector no puede ver. Investigadores de la Universidad de Valparaíso lo habían advertido a propósito de las tasas de logro; Alberto Mayol objetó el marco muestral en 2024 y Ciper volvió sobre el asunto en marzo, cuando el cambio ya estaba decidido.

Criteria no requiere siquiera de un crítico externo. Su ficha técnica declara un diseño no probabilístico, aplicado sobre un panel cerrado formado por personas predispuestas a participar en estudios de........

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