De los potreros a la corte: orgullo de una generación cereteana
En Cereté, los recuerdos no se marchitan: quedan sembrados en el polvo ardiente de las calles, en la risa suelta que alguna vez rodó por los potreros y en la brisa del Sinú, que baja ligera como un sobre abierto de cartas olvidadas del alma. Todo queda, todo vuelve, todo se recuerda.
Allí, entre trompos que giraban como pequeños planetas, bolitas de cristal que atrapaban destellos del sol y tardes de mango con sal, nació la memoria entrañable de un amigo: Carlos Camargo Assis, el Lobito. El niño que no temía atravesar alambres de púas para conquistar un potrero, como quien abre fronteras sin pedir permiso, pero con la bendición secreta de la infancia libre. Hoy, ese mismo muchacho honra la justicia desde la Corte Constitucional de Colombia, con la misma determinación con la que un día se lanzó a la aventura de sus juegos. Cereté también nos regaló estampas imborrables: los partidos de béisbol y fútbol en la cancha del Michel, las novenas que iluminaban la Navidad y aquella noche del 24 de diciembre de 1992 en la casa de los Camargo, donde la música de vinilo y casete —El Africano, Dame Vida, Burbujas de Amor— nos hizo bailar sin cansancio. Aún resuena en mi memoria la chispa de doña Betty Assis,........
