El financiamiento rural está fallando: sin capital no habrá agroindustria
Colombia insiste en que quiere transformar el campo, diversificar exportaciones y consolidar una agroindustria moderna. Pero esa aspiración se estrella, una y otra vez, contra la misma pared: no existe un sistema de financiamiento rural capaz de impulsar la modernización productiva. Mientras el país celebra el crecimiento del sector agropecuario —8,1 % en 2024 frente al 1,7 % del PIB nacional, según el Dane—, la estructura que debería sostener ese avance es frágil, lenta y desconectada de las cadenas productivas que podrían convertir al agro en un verdadero motor económico.
La evidencia es contundente. Solo el 18 % de los productores accede a crédito formal y, entre ellos, la mayoría termina usando créditos de consumo, no agropecuarios, pagando tasas imposibles de sostener para cualquier negocio rural. En departamentos como Chocó, Sucre o La Guajira, la bancarización rural es tan baja que la tecnificación se vuelve un privilegio, no un estándar productivo. Lo preocupante no es solo la escasez del crédito, sino su mala orientación: no llega donde transforma la productividad, no acompaña cultivos de largo plazo y no facilita inversiones en agroindustria. El aguacate Hass es un ejemplo claro del desfase. Colombia exportó más de 214 millones de dólares en 2023, posicionándose como un actor relevante en Europa. Sin embargo, miles de pequeños y medianos productores quedan por fuera de la cadena porque no pueden financiar riego, drenaje, certificaciones o infraestructura poscosecha, todos requisitos esenciales para cumplir con los estándares internacionales. En café, la........
