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Montería necesita dirección, no más excusas

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21.02.2026

Montería no está atrapada por un invierno. Tampoco por un proyecto puntual o por una pelea coyuntural entre el Concejo y la Alcaldía. Está atrapada por algo más profundo: una forma de hacer política que se volvió costumbre.

Durante años se normalizó una relación institucional donde se negocia más de lo que se planea, donde el control se confunde con bloqueo y la ejecución con cheque en blanco. Donde el Plan de Ordenamiento Territorial dejó de ser una hoja de ruta para convertirse, muchas veces, en instrumento de conveniencia. Y mientras tanto, la ciudad creció… pero sin dirección. Cuando una ciudad crece sin dirección, la naturaleza pasa factura. Y la desigualdad también. Porque es cierto: Montería ha avanzado en algunos aspectos. Pero en muchos barrios que yo piso constantemente, la sensación se siente distinta. Allí no se habla de cifras ni de informes técnicos, la gente no entiende de eso; pero sí se habla de estancamiento. En cada casa a la que uno va, todos hablan de oportunidades que no llegan. Se habla de una ciudad que parece avanzar sin ellos. Y hay que decirlo con claridad: no basta con que se muestren renders, crezcan los edificios, algunas partes de la ciudad, exista más pavimento o que se anuncien inversiones. Una ciudad progresa de verdad cuando progresa la vida de su gente. Cuando la madre cabeza de hogar siente que su esfuerzo tiene respaldo. Cuando el joven que hoy no encuentra empleo ve puertas abiertas y no muros. Cuando el mototaxista deja de sentirse en el margen y empieza a ser reconocido como parte de la dinámica económica real de la ciudad. Montería no necesita más discursos cruzados ni debates estériles. Necesita dirección. Y Dirección significa instituciones que se respeten, no que se negocien. Significa que el Concejo controle con responsabilidad y que la Alcaldía ejecute con transparencia, sin cheques en blanco y sin bloqueos por cálculo político. Significa planeación seria a veinte - treinta años, no modificaciones constantes según la coyuntura. Significa que el POT, que es el plan que ordena a la ciudad, vuelva a ser un instrumento técnico, que piense en la mayoría de la gente y no un negocio para unos pocos. Pero, sobre todo, dirección significa devolverle esperanza a la mayoría. La ciudad no puede seguir avanzando solo en el papel mientras en los barrios se acumula la frustración. La política no puede seguir girando alrededor de acuerdos debajo de la mesa mientras la gente siente que no hace parte del proyecto colectivo. Montería necesita recuperar el sentido de pertenencia. Que quienes madrugan todos los días, quienes sostienen sus hogares con esfuerzo silencioso, quienes construyen barrio a barrio esta ciudad, vuelvan a sentirse protagonistas. Porque una ciudad no se transforma solo con obras. Se transforma cuando su gente vuelve a creer. Cuando vuelve a soñar. Cuando siente que también está avanzando. Montería necesita menos excusas y más rumbo claro. Y esa conversación ya no puede seguir aplazándose.


© El Meridiano