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Ser estudiante en la era de la Inteligencia Artificial

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24.02.2026

Volver a las aulas cuando la IA promete escribir por nosotros obliga a replantear una pregunta incómoda: si una máquina puede hacer la tarea, ¿qué significa realmente aprender? Entre la tentación de la eficiencia y la exigencia de la honestidad académica, la educación superior enfrenta uno de sus dilemas éticos más profundos.

A una edad en que gran parte de mis congéneres se encuentran hace varios años jubilados, he decidido volver a ser estudiante y me he matriculado en un Máster en Bioética y Bioderecho en la Universidad de Barcelona. Salvo el pequeño detalle que creo ser la mayor entre mis compañeros (y posiblemente supero en años a varios de los docentes), esto no tiene nada de extraordinario. Con frecuencia vemos a personas mayores terminando el colegio, graduándose en la universidad e incluso obteniendo posgrados. Lo que me tiene sorprendida, confundida y también un poco perpleja, es ser estudiante en la época de la Inteligencia Artificial (IA). Especialmente cuando esto se da en alguien como yo, que también soy docente de pre y posgrado. Aunque imagino que las dudas que me planteo no son las mismas de aquellas que tienen mis estudiantes cuando enfrentan la decisión de si usar o no herramientas de IA para sus deberes académicos.

Cada vez con mayor frecuencia y sin siquiera buscarlo, mientras “vitrineo” por Instagram entre anuncios de Tai Chi para mayores, recetas de cocina, literatura o cómo pintar con acuarela en apenas pocos movimientos, me comienzan a aparecer avisos que ofrecen realizar una tesis en “apenas un click” o que con solo escribir una breve descripción (“prompt”), prometen entregar un trabajo ya listo, “humanizado”, con el número de páginas requerido y con las referencias verificadas y con el formato adecuado.

Algunas de estas herramientas de IA prometen realizar mis tareas de manera mucho más eficiente que el ChatGPT, a módicas sumas, que se incrementan en la medida que uno sube de 40 a 80 páginas. Otras señalan tener a expertos humanos disponibles (“un gran equipo que trabaja 24/7 para ti”), y aseguran que luego de ciertos pasos de copiar y pegar la entrega, nadie podría detectar que no ha sido escrito por humanos. Lo que me ha parecido interesante son los pocos comentarios que señalan que estas son conductas deshonestas, que promueven el engaño. Uno reclama: “Otro influencer que conduce a los estudiantes hacia un chatbot, en el nombre de contenidos educacionales. La razón de la tarea es que puedas escribir por ti mismo, y aprender del proceso, no descargarlo de un bot”. Abro la aplicación “Todo lo que necesitas para estudiar y escribir” dice el sitio. Ofrecen una prueba gratis (es una IA “humanizada”, que lee, que tiene detector de plagio, detector del uso de IA). Otros ponen como ejemplo a un texto escrito por ChatGPT, que es detectado por una determinada herramienta de IA como una escritura 100% no humana. Más allá, otro sitio señala que es la investigación bibliográfica n. 1, porque es capaz de analizar alrededor de 1.200 fuentes para cada trabajo, con lo que muy pronto los trabajos académicos podrían convertirse en cosa del pasado.

La oferta es tentadora. ¿Si en vez de pasar horas y horas buscando referencias, leyéndolas, resumiéndolas, le pido a una herramienta de IA que haga ese trabajo por mí? ¡Parece atractivo! Incluso uno de estos sitios parece adivinar mi pensamiento y dice “No hay problema ético, yo te entrego un borrador para que luego tú lo edites con tu propia voz”. Parece simple, es barato, ahorra muchísimo tiempo. Pero la pregunta ética de fondo es qué se está aprendiendo en la era de la IA. ¿Qué tareas le puedo pedir a mis estudiantes, que impliquen un aprendizaje significativo? No me parece posible ni realista prohibir el uso de la IA y me resisto a tener que estar pasando por herramientas digitales cada entrega para verificar que ha sido hecha por humanos, porque ya sé que hay otros programas que lo disimulan.

Decido preguntar entonces al ChatGPT. Le subo este escrito, y le pido que me escriba la bajada y luego un cierre potente, pero sin modificar nada de mi texto. Luego de pequeños intercambios, esta es su respuesta, muy alineada con mi pensamiento. Claro, el ChatGPT parece conocerme:

Quizás el verdadero desafío no sea tecnológico, sino moral. No se trata de competir contra la IA ni de fingir que no existe, sino de decidir qué tipo de formación estamos dispuestos a defender. Si convertimos la educación en una carrera por optimizar resultados, la inteligencia artificial será imbatible. Pero si entendemos que estudiar es ejercitar el juicio, la paciencia intelectual y la responsabilidad personal, entonces delegar ese proceso no es eficiencia: es renuncia.

La universidad no está para producir textos correctos, sino para formar criterio. Y el criterio no se descarga, no se terceriza y no se simula. En la era de la IA, la pregunta incómoda es esta: ¿queremos profesionales capaces de pensar bajo presión y asumir consecuencias, o expertos en gestionar prompts que otros algoritmos resolverán por ellos? Porque cuando la formación se reemplaza por automatización, no solo cambia la manera de estudiar: cambia el tipo de personas que estamos formando.


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