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¡Exprópiese, exprópiese, exprópiese!

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29.12.2025

Cada quien es dueño de sus silencios y esclavos de sus palabras, reza un viejísimo dicho. El inminente epílogo del drama venezolano hace resonar con fuerza aquel adagio. Y es que cuesta mucho señalar si Maduro fue más verborrágico que Chávez o al revés.

Sin embargo, es más fácil detectar el cambio en Maduro. De una locuacidad desenfrenada a unas lamentaciones histriónicas. Desde hace algunas semanas se le nota exasperación. Hace esfuerzos por mitigarla recurriendo a un inglés rústico y tragicómico; baila, canta y toca timbales en público, pero es evidente que intuye lo irreversible de su situación. 

La captura de barcos está pensada como el golpe definitivo para estrangular una economía empobrecida y sin salida. Por lo tanto, no parece muy realista dudar que el extravagante protagonista de la opereta bolivariana ya sacó su billete de ida. One-way.

Sus cánticos y monsergas están inundados, de forma majadera, por epítetos en contra de EE.UU. “Piratas”, “ladrones”, “agresión imperialista”. Una verbosidad algo exagerada como creyendo posible ganar tiempo y apostar a que EE.UU. pueda desistirse de su acción. Quizás sueña con obtener un espacio para negociar mejor su salida del poder. 

Atrincherado por ahora en el palacio presidencial, junto a familiares y cercanos, busca por estas vías despertar sentimientos de solidaridad entre los latinoamericanos. Pretende hacer que se sientan aludidos y retratados en su “gesta defensiva”, como le gusta decir.

Hasta ahora, el eco es mínimo, lo cual es positivo. La lectura hemisférica va más bien por el camino de extraer lecciones.

Y es que los diversos actos de esta especie de vodevil venezolano contienen en realidad cuestiones........

© El Líbero