Avivemos las auténticas luces; las del corazón, para fraternizarnos
Mantener un espíritu cerrado es el peor de los encierros; precisamos la sintonía de latidos en comunión vibrante, para armonizar lenguajes y sentimientos. Quizás tengamos que volvernos niños, para adentrarnos en el sueño de un nuevo despertar y no en la noche oscura de la desesperación. Cuidado con este instante, no vayamos a confundirnos; y optemos por la vía del placer a toda costa, sustentada en el uso de adicciones como fuga, como refugio en paraísos mortecinos, que luego resultan del todo destructores. Sigamos los pasos de esas personas que cultivan el brío donante, que viven diariamente en contacto con la miseria y con la degradación humana; su fibra experimentó la prueba de la noche oscura y, sin embargo, saben ofrecer la sonrisa de la Navidad y no las lágrimas.
A un gran abrazo sincero, vertido a........





















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