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Después del terremoto

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11.07.2026

En estos días post susto hemos ido y venido de la ansiedad al temor, de la tristeza a la esperanza, de la impotencia a la rabia. El alivio porque después de todo, la familia y la casa están bien, se nos disuelve cuando vamos recibiendo las dosis amargas de la realidad circundante. La tragedia de tantas familias. Los muertos, los heridos, las pérdidas materiales que si bien son lo de menos de todas maneras pesan, pues representan años de esfuerzo, las ilusiones truncadas. Todo se nos revuelve adentro y así seguirá, mientras las mareas del espíritu no se nos tranquilicen.

¡Es tan difícil! E inevitable brota la pregunta ¿Por qué Dios mío? Igual me aferro a la fe que no moverá montañas ni impedirá que la Tierra se estremezca, pero sí mueve mi voluntad y serena mi alma y mi cabeza. Ella me recuerda que no hay poder más grande que el amor.

Como muchos, el 24 de junio me dispuse a ver el futbol, a mi esposa no le gusta –somos una familia beisbolera, aunque a mí me quedó del colegio el gusto balompédico- y se fue a otro cuarto a leer y terminó en siesta. Entonces empezó a........

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