Diarios Ortodoxos: Diálogos imaginarios con el descendiente
A mi nieto Joaco…con todo el amor del Abuelo-so
«La función de la libertad…
es liberar a alguien más.»
«La libertad no se concede, se conquista.
Y la literatura es una de sus más poderosas herramientas.»
«La libertad no es una estatua: es una elección y, a menudo, una renuncia.
Tampoco es una conquista definitiva, sino una búsqueda diaria.»
«La libertad no es un premio ni una condecoración que se celebra con champán […].
Es una tarea de todos los días, un trabajo de todos los instantes que exige que nos superemos a nosotros mismos.»
Cualquiera que haya sido padre, e incluso el que no, entiende que los hijos no solo necesitan de amor y protección, además requieren de autonomía, verbo y gracia, libertad para experimentar. Es un tema delicado que confunde mucho a los niños en su etapa inicial, pero mucho más a los padres, que regidos por las enseñanzas recibidas, muchas veces, con buena intención (dice el dicho el camino al infierno esta atestado de almas con buenas intenciones) acaban por sobreprotegerlos, haciendo un flaco favor por no darles su natural habilidad de tener juicios propios y así, una aptitud-actitud emancipada y creativa, en tanto, creciente y flexible, a las demandas del mundo reciente, y un carácter o temperamento más ecuánime, todas cosas que son riquezas para la transición de niños sanos a adultos íntegros.
Para dar esa continuidad precisa y respetar la voz narrativa, la complementación debe profundizar en la figura del patriarca como guía sutil, la transición del legado familiar y la belleza de aprender a soltarse, liberarse. Y es precisamente en ese delicado equilibrio entre el amparo y el desapego donde se teje el verdadero sentido de la educación.
Educar no es moldear a imagen y semejanza, tampoco esbozar un camino rígido por el que el joven deba viajar sin desviarse. Educar es, en su sentido más puro y noble, ofrecer un mapa sin imponer la ruta; es sembrar la curiosidad y regarla con la confianza suficiente para que sea el propio hijo o nieto, quien decida qué horizontes explorar.
Cuando veo el conflicto entre distintas generaciones, comprendo que el mayor acto de amor que podemos proveer, no está en evitar las caídas, sino en enseñarles a levantarse con decoro y criterio propio. La protección sofocante genera miedos heredados; la libertad, en cambio, guiada por el afecto, edifica adultos sensatos, capaces de pensar con autonomía y de actuar con empatía.
Este tenor nace de esa convicción íntima: de la necesidad de tender un puente entre la sabiduría atesorada por años, y el territorio virgen que habitarán quienes nos sucederán. Y recorrer este diálogo entre experiencia e inocencia, entre raíz y vuelo. Porque al final del día, la libertad que les legamos no es más que la promesa de un mundo donde cada uno sea plenamente dueño de su propia voz, y de sus propias decisiones.
Primeras Pláticas: Etapa infantil
Difícilmente había tocado la primavera y el ámbito cálido, en este orbe recalentado de cambio climático, no daba chance sino para transpirar. Dicen que el hircismo se pega, pero el sudor de Joaco bañaba la piel del rocío alegre e hirsuto del abuelo. No sabría explicar la sensación tan grande de amor familiar que se sirve en la mesa, entre retoño y nono…
Diana Jiménez, su madre, va ojo avizor. Parece un milano velando el nido y oteando el medio de capitales peligros. Joaco, siempre gozando, y en lo suyo, corría y gritaba cosas que poco se oía. A sus cinco años, Joaco gozaba de una salud increíble y con su estatura alta para su edad, se percibía visiblemente mayor de talla que sus coetáneos y compañeros de juego y escuela.
Esa vez, tocó ir a pasear en un parque cercano a la vivienda de los cónyuges Méndez Jiménez. El........
