El impulso del peón: El ajedrez contado por niños de primer grado del Colegio Rioclaro -Parte II-
En esta entrega, los alumnos de 1er Grado «A» y «B» del Colegio Rioclaro nos demuestran que la imaginación no tiene límites en el tablero.
A través de sus ojos, las piezas cobran vida, los peones son héroes y las reglas del juego se convierten en aventuras épicas. Hoy, con orgullo, cedemos este espacio por completo a nuestro semillero escolar.
Cuatro historias, cuatro lecciones en el tablero.
Por: Marcelo Agüero (1er Grado B)
Había una vez un Peón pequeñito llamado Aldo que vivía en un tablero de ajedrez. Todos le decían que era muy débil, porque solo podía dar un paso a la vez.
Pero Aldo tenía un sueño: Llegar al otro lado del tablero, donde decían que ocurría la magia.
Cuando empezó la partida, Aldo esquivó Caballos saltarines y Torres gigantes. Corrió y corrió sin mirar atrás hasta que… ¡Llegó a la última fila!
En ese momento, una luz brillante lo cubrió. Su armadura de madera se convirtió en una capa reluciente y apareció una corona en su cabeza.
Por: Vicente Ferrer (1er Grado A)
Un día, todos se reían de un Peón que no sabía jugar béisbol ni softbol, y siempre se reían cuando jugaba cualquier cosa. Se reían mucho. Pero un día, todo cambió.
Ese Peón, del que se reían a carcajadas, el lunes jugó el primer juego del equipo llamado «Rioclaro». Y cuando fue su turno al bate, el pitcher se preparó para su lanzamiento y tiró una curva que alcanzó las 100 millas por hora.
El Peón se preparó para hacerle swing y… ¡bateó un........
