Crónicas de Facundo: La cleptocracia no sabe de muertos
Le escucho decir a Cayetana Álvarez de Toledo, historiadora de formación, de inteligencia zahorí y no sólo parlamentaria española de fuste, que la cuestión compleja por la que atraviesa hoy Occidente – mirándosela desde el laboratorio venezolano – es algo que trasvasa a la cuestión ideológica de derechas o de izquierdas. Supera a las formas de configuración del poder dentro del Estado: dictaduras vs. democracias o democracias formales o autoritarismos electorales que vacían de todo contenido al Estado constitucional de Derecho. El asunto es más ominoso, pues se trata de la corriente confiscación, corrupta y utilitaria, del poder en abierta pugna con las leyes más elementales del decoro o la decencia humana. Media, en efecto, un dilema moral a la vez que antropológico. Es la cleptocracia que se hace presente para cosificar toda expresión de dignidad humana, mientras sus víctimas – valorando aún más sus derechos elementales luego de perderlos – se aferran a las leyes de humanidad.
Algún escritor señala que los griegos no discernían sobre la cleptocracia. Se trataría de una noción moderna. Pero leo a Samuel James (El robo de las naciones, 2024), a cuyo tenor no se trata simplemente de la corrupción dentro de un gobierno sino de “una enfermedad sistémica en la que la propia arquitectura del Estado facilita el enriquecimiento de la élite gobernante a expensas de la nación”. Evoca los fenómenos de corrupción desenfrenada en la Roma antigua, bajo Calígula y Nerón, el caso de algunas de las monarquías medievales y el saqueo durante la colonia.
Hago presente, para mis adentros, que la memoria de Venezuela quedó sellada con la criminalidad expoliadora de la familia Welzer, integrada por banqueros y comerciantes de Augsburgo, Alemania, durante el siglo XVI, precisamente entre los años 1528 a 1556; una paradójica elipse de tiempo similar a la que aún padecemos los venezolanos desde 1999, año marcado por la tragedia de Vargas y sus miles de muertos. Hasta que en este 2026, la parca, ayudada por la cleptocracia reinante otra vez se ceba con el fatal destino del llamado Estado La Guaira. Decenas de miles, entre muertos, heridos y desaparecidos alimentan al registro fúnebre.
Dice el autor citado que los siglos XX y XXI son testigos mudos en la evolución de las prácticas cleptocráticas tras la sofisticación de los métodos para el ocultamiento, el lavado y la multiplicación de las ganancias mal habidas, una vez como capturan al Estado y desmontan, para tal finalidad, sus instituciones. De donde precisa – y es la clara radiografía que nos deja a los venezolanos el doble........
