La indolencia en la Gran Vía
Las obras de infraestructura siempre traen consigo incomodidades. Tráfico lento, desvíos, polvo, ruido y una alteración temporal de la rutina hacen parte del precio que se paga por una promesa de mejora. En ese sentido, no resulta difícil comprender que una obra compleja pueda enfrentar atrasos, apuros financieros o errores de planeación. Todo eso, aunque molesto, entra dentro del terreno de lo esperable.
Sin embargo, a veces lo que cuesta aceptar —y lo que termina por exasperar— no es el atraso en sí mismo, sino la indiferencia frente a sus consecuencias más inmediatas. Una cosa es que una obra se demore; otra muy distinta es que, mientras tanto, se........
