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Una economía que navega sin red

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En tiempos de incertidumbre y reconfiguración geopolítica, Colombia enfrenta un riesgo estructural que rara vez ocupa el centro de la conversación pública: su profunda dependencia del comercio marítimo. Hoy, cerca del 98 % del comercio exterior del país se mueve por vía marítima. Mientras el debate económico suele concentrarse en variables como la inflación, el tipo de cambio o la inversión, este factor silencioso sostiene, y al mismo tiempo expone, la estabilidad nacional.

Más que una fortaleza logística, este nivel de dependencia representa un riesgo sistémico que aún no dimensionamos en toda su magnitud.

En la práctica, significa que cualquier disrupción en el sistema marítimo y portuario, desde eventos climáticos extremos hasta bloqueos logísticos, ciberataques o tensiones geopolíticas, tiene la capacidad de impactar de manera inmediata la economía. No se trata de riesgos aislados, sino de efectos en cadena que pueden frenar exportaciones, encarecer importaciones y presionar la inflación.

Un ejemplo actual que ilustra con claridad la magnitud de este riesgo, son las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más estratégicos del mundo. Este conflicto ha encendido alertas sobre la fragilidad del comercio global. Según la Agencia Internacional de la........

© El Heraldo