Sí, el tamaño importa
Durante años se ha repetido, con una seguridad casi infantil, que el tamaño importa. La frase suele decirse en voz baja, entre la picardía y la burla. Sirve para medir lo que no siempre se comprende, para exagerar lo que no siempre cuenta y para esconder inseguridades bajo una falsa idea de fuerza.
La cultura popular convirtió esa creencia en un dogma vulgar. Nos hizo pensar que la admiración, el deseo, la satisfacción o incluso el valor de una persona dependen de una dimensión visible, de una señal externa que supuestamente resume potencia, superioridad o éxito. Pero esa mirada empobrece lo humano: reduce la dignidad a una medida equivocada.
Sí, el tamaño importa. Pero no el que muchos creen.
Importa el tamaño de la palabra empeñada y la magnitud de las acciones realizadas: haber cumplido lo prometido, haber defendido una posición cuando la realidad se tornó difícil y hostil. En tiempos de apariencias, discursos........
