menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Los “respetables” aliados del delito

14 0
20.03.2026

La escena podría parecer cotidiana: una fila de personas esperando afuera de una bodega, mercancía recién llegada, precios por debajo del mercado. Nadie pregunta demasiado. El comerciante sonríe, vende rápido y cierra el día con ganancias que difícilmente explicaría en un esquema legal.

A unas calles de ahí, una gasolinera mantiene siempre precios “competitivos”. En otro punto de la ciudad, un lote de autos ofrece vehículos impecables, listos para circular, sin que nadie se detenga a revisar demasiado su origen. Todo parece normal. Todo está a la vista.

Durante años, cuando hablamos de la base social del crimen organizado, la conversación se ha centrado en las comunidades más vulnerables: en quienes reciben apoyos, en quienes bloquean caminos, en quienes, por necesidad, terminan formando parte de un mecanismo de protección para los grupos delictivos.

Esa parte existe. Pero no es toda la historia.

Hoy, la base social del crimen también se encuentra en otro nivel: en espacios donde no hay carencias, sino oportunidades de negocio; donde no hay sobres con dinero para sobrevivir, sino utilidades que crecen a partir de lo ilícito.

Hablamos de comerciantes establecidos, de cadenas de distribución, de empresarios —algunos incluso reconocidos— cuya operación no podría explicarse sin el vínculo, directo o indirecto, con actividades criminales.

Aquí no hay rifas ni despensas. Hay decisiones.

Decisiones de comprar lo robado porque es más barato. De vender sin preguntar porque deja más margen. De cerrar los ojos porque el negocio crece. De normalizar una relación que, aunque no se nombre, termina por integrarse a la lógica empresarial.

Y en ese punto, la línea se cruza.

Porque ya no se trata de sobrevivir, sino de beneficiarse.

Esta “otra” base social no solo tolera al crimen: lo necesita. Lo incorpora como proveedor, como aliado, como parte de su modelo de negocio. Y con ello, le brinda algo aún más valioso que el silencio: legitimidad.

Desde una perspectiva jurídica, esto encuadra en fenómenos como el encubrimiento, la receptación y las operaciones con recursos de procedencia ilícita, figuras que tanto en la legislación mexicana como en instrumentos internacionales —como la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional— son clave para entender cómo se sostiene el crimen más allá de la violencia visible.

Porque el crimen organizado no crece solo con armas.

Crece cuando encuentra mercados. Cuando alguien compra. Cuando alguien vende. Cuando alguien decide que es mejor no preguntar.

Por eso, seguir pensando que la base social del crimen está únicamente en la pobreza es una forma cómoda de mirar el problema.

Porque evita incomodar a quienes, desde oficinas, locales o empresas “exitosas”, han hecho del delito una oportunidad.

Y es ahí, en esa red silenciosa de importantes empresarios que no aparecen en las escenas más visibles, donde muchas veces se sostiene, se expande y se protege el crimen organizado.


© El Heraldo de México