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La colonización del vacío

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23.08.2026

Hay una escena que cualquiera puede reconocer: la sala de espera del consultorio, la fila del banco, el semáforo que tarda. Durante décadas ese fue un tiempo muerto, un hueco sin función, y también —sin que nadie lo planeara así— el único momento del día en que la mente quedaba a solas consigo misma. Hoy ese hueco casi no existe. Antes de que el aburrimiento alcance a instalarse, el teléfono ya está en la mano y la pantalla ya resolvió el vacío por nosotros. Vale la pena preguntarse qué se pierde cuando ese instante deja de estar disponible.

La duda y el aburrimiento no eran errores de diseño de la vida humana. Eran, más bien, el único territorio donde el sujeto no rendía cuentas a nadie: ni al trabajo, ni a la productividad, ni a ninguna institución. Ahí, en ese margen improductivo, ocurría algo que ninguna métrica podía capturar: la idea que nadie pidió, la pregunta incómoda, el desacuerdo que después se convertiría en convicción. El aburrimiento, visto así, no era el enemigo del pensamiento sino su condición de posibilidad.

Esto no es nuevo. En el siglo IV, los monjes del desierto egipcio ya habían identificado y hasta bautizado esta incomodidad: la llamaban acedia, "el demonio del mediodía". Los relatos de Casiano y Evagrio describen cómo ese demonio atacaba a la........

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